A partir del siglo XVI se extiende en Aragón el uso de la cerámica en forma de arrimaderos, que va unido a una cuantiosa producción de azulejería de arista.
Los arrimaderos de azulejería de arista se concibieron generalmente de acuerdo con un esquema establecido, que los proyectaba sobre una pared a manera de paños colgados, aunque esto iba unido a una cierta lógica de estructura arquitectónica.
